El primer paso para analizar dicho proceso es separar el fenómeno del
hablar del fenómeno del escuchar. Tenemos que entender que cuando hablamos vamos
del significado a las palabras y cuando escuchamos vamos de las palabras al
significado, y no siempre hay coincidencia entre uno y otro significado.
Humberto Maturana afirma: “Soy absolutamente responsable de lo que digo y
maravillosamente irresponsable de lo que tú escuchas”.
El segundo aspecto a destacar es el rol activo de la escucha en el
proceso de la comunicación. Tradicionalmente, quien escucha ocupa el lugar del
receptor del mensaje. Por esto, se considera que el escuchar sencillamente
ocurre y no presupone ninguna acción de parte de quien escucha. Por eso creemos
que sólo el hablar implica un rol activo en la comunicación.
Para explicar el carácter activo de la escucha debemos hacer una
distinción entre el oír y el escuchar. Oímos por medio de nuestro aparato
auditivo, para oír no debemos realizar ninguna acción específica, en este
aspecto podríamos decir que el oír es pasivo. Si estamos en una habitación,
escucharemos cualquier palabra, sonido o ruido que se produzca en ella.
El escuchar lleva implícito el oír, pero es algo mucho más complejo que
el mero proceso físico de la audición. El escuchar conlleva un proceso
cognitivo y emocional interpretando aquello que oímos.
Por esto, planteamos que la escucha no tiene nada de pasivo, sino que
por el contrario constituye un activo proceso de asignación de sentido. Es este
proceso el que determina que distintas personas, que en el mismo lugar y
circunstancia oyen lo mismo, puedan escuchar cosas diferentes.
Soraya Jiménez Osuna, 2ºE.
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