domingo, 23 de marzo de 2014

Rumores..

Rumores... esas afirmaciones generales que se presentan como verdaderas, sin que existan los datos concretos que permitan verificar su exactitud, y que que circulan de persona a persona refiriéndose a cuestiones de interés público sobre algo o alguien. Todos los conocemos, y todos los hemos escuchado alguna vez ¿a que sí?

Para que un rumor "sobreviva", necesita ser transmitido y su mensaje debe ir pasando de boca a oreja, de forma sucesiva en la que los participantes han de cumplir la doble funcion de prestar oído a lo que se dice y de transmitirlo a otras personas.
El rumor debe poseer un mensaje relevante o de interés para la población para que sea transmitido. Y es que, como ya sabemos, prestamos más atención y, por tanto, escuchamos con más interés, todo lo que se encuentra o se mueve por nuestro ámbito de intereses, en definitiva, a lo que nos llama la atención. 
Ciertos autores hablan de los rumores como una especie de diversión para romper el aburrimiento o la monotonía, es decir, según el grado de interés producido por un tema hay que relacionarlo con el contexto. En circunstancias de pesado aburrimiento, se recurre a “trozos” de noticias, a los que todos abrimos los oidos con facilidad.

Sucede que, a medida que se envía y se recibe un rumor por distintas fuentes, los patrones de transmisión se van complicando, de tal manera que cualquier individuo no sólo envía mensajes a mas de una persona, sino que también los recibe de más de una, por lo que estos rumores van sufriendo por esta interacción múltiple en la que la base de todo está en cómo escuchamos o en cómo queremos escucharlo.



Ana Gutiérrez Garesse, 2ºE.

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